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miércoles, 22 de febrero de 2012

Calblanque 18/2/2012

Hola a todos/as.

Calblanque es de esos sitios en los que, en determinadas fechas y a determinadas horas, siempre es posible encontrar un pequeño hueco de soledad con un inmenso espacio de satisfacción.
Porque llegar al camino de entrada a buena hora de la mañana, cuando el sol todavía luce esos tonos rojizos que embrujan hasta al más insensible, y lo primero que encuentras es un Bisbita común todavía algo aterido de la noche, algo te dice que hoy es uno de esos días en los que vas a acabar contento... aunque sólo fuese por estar allí.

Pero no. A lo lejos, en uno de los campos de cereal, divisas con los prismáticos unas figuras en movimiento... ¡¡Ahí están!!. Despacio, muy despacio, te acercas. Y esperas. Hay tiempo. Toda la mañana si fuese necesario... Ves con alegría como uno de los ejemplares de Avefría se aproxima con cuidada cautela, pero sin miedo. Esa es una de las sensaciones que más gusta cuando se está en el campo: comprobar, sentir que no infundes miedo.
Y, como buen modelo, casi sin querer, con toda naturalidad, se dispone a picotear sin reparar en nada, de un sitio a otro.
Estar así, como ausente de sus momentos, hace que sea posible ver cómo un zorro también rebusca entre el matorral y que se esconda cuando aparece una persona por la ladera del monte. Y cómo el zorro esperó pacientemente a que pasase, para entonces huir en sentido contrario.
Tres horas han pasado. Y no te enteras.
Cuando el movimiento de gente es más abundante, hay que salir de allí.

En las salinas, el Buitrón espera asustado sobre la valla metálica, pues unos metros más adelante un ejemplar adulto de Culebra de escalera se encuentra asoleándose en medio del camino. Por lo visto no le sentó nada bien que la molestase, pues bufó irguiéndose un poco hasta alejarse entre el saladar. (http://herpetosmurcia.blogspot.com/2012/02/culebra-de-escalera-en-calblanque.html)

Al fondo, junto a unas piteras, una Garcilla bueyera carroñea sobre el cadáver de una oveja muerta, cuyas costillas a contraluz parecen elementos arquitectónicos de una obra vanguardista.


Mientras, en uno de los charcos que aún se mantienen en el camino, un Pardillo por tal de beber, hace los equilibrios más inverosímiles. Pero unos guiris (lo siento Richard) lo espantaron, al igual que a las Gaviotas de Audouin que se encontraban en las motas, porque tuvieron que pasar por el interior del vallado de las salinas.



Saliendo, casi en el mismo sitio en que se encontraba el Bisbita común, un Alcaraván herido en un ala intentaba pasar desapercibido, camuflándose... pero esos enormes ojos amarillentos lo hacían difícil.

Sí. Contento. Justo como pensaba que podía ser.

Calblanque 18/2/2012
Bisbita común, Avefría, Buitrón, Garcilla bueyera, Pardillo común, Gaviota de Audouin y Alcaraván.

Saludos.
Antonio.

3 comentarios:

  1. En fin, poesía pura. Qué quieres que te diga. No sé si alguien se habrá percatado...

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  2. Así claro que dan ganas de salir al campo...

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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